Hay todo un mundo por descubrir

El Sol fue testigo de nuestro amor


Nos esperaban 97 largos kilómetros para llegar a Piriapolis, ese mágico lugar lleno de mitos y leyendas, fundado en 1893 por el alquimista Francisco Piria.


El tiempo pasa pero los recuerdos perduran intactos, cierro los ojos y puedo ver los caminos andados, historias, lugares y rostros vuelven a mis pensamientos, hay muchas historias y muchos lugares que quieren ser historia.

Debía alcanzar la ruta Interbalnearia para emprender camino a Piria, pero 20 trabados kilómetros por la ciudad de Montevideo me esperaban, era uno de esos días en los que el Sol jugaba a las escondidas, sin importar donde se ocultara yo sabia que el estaba ahí preparando algo mágico, con grandes nuebes grises a mi espalda rodé varios kms sin mirar atrás y pensando en que me esperaría en este nuevo lugar.

Pero no todo podía ser perfecto, aparecieron las primeras pinchaduras sobre la ruta, no era nada nuevo para mi pero implicaba desmontar todo el equipaje para poder realizar la reparación, motivo por el cual perdería mucho tiempo.


Tan solo a metros de cruzar el arroyo Solis Chico, me encontraba con todo mi equipaje a un lado de la ruta, desarmando mi rueda para realizar el emparchado y seguir camino. Me relaje y pensé, como hubiese continuado mi vida si ese viaje solo fuese de ida? No se que me paso por un momento deje de sentir que era de un lado fijo, como describo esa extraña sensación de despertar todos los días en un sitio diferente?

Subi a mi bicicleta, mi fiel amiga, mi maquina de sueños, cada vuelta de pedal era un pasito mas cerca de mi sueño, el cual ya prácticamente estaba cumplido.


Cerca de Piria, el Sol comienza a despedirse con una increíble puesta sobre Playa Hermosa, no puede negarme a ese show y durante horas me quede ahí observándolo, no tenia nada que hacer y mucho menos planes de hacer algo, ya había logrado perderme en el tiempo a lo largo de mi aventura, no sabia que día era, y me daba lo mismo si era lunes, jueves o domingos, por primera vez nadie era dueño de mi tiempo, no tenia apuro por llegar o por ir a algún lugar, sera que sabia que siempre me estarían esperando?


Mi fiel amiga, un mapa en la playa y mi vida dentro de cuatro alforjas fueron los testigos del cierre de otro gran día.

 

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