Hay todo un mundo por descubrir

Rumbo Carmelo


Luego de cuatro largas horas de viaje, me encuentro en Uruguay un destino que había soñado durante varios meses atrás con la idea de emprender una aventura y poder reencontrarme conmigo mismo, recuperar todos esos valores que hoy ya no se encuentran en las personas, todo lo que aprendimos años atrás cuando el respeto y la educación de las personas era moneda corriente.
Al llegar me ataco el pánico!, no sabia que estaba haciendo solo en un país que poco conocía, pero eso no era todo acababa de llegar y aun me quedaban 16 días de aventura, me demore unos cuantos minutos en recoger mi equipaje y montarlo nuevamente en mi bicicleta, respire profundo y con la primera vuelta de pedal comienza esta historia, puede que por momentos parezca algo fantástica pero así es este país  un lugar para vivir como quien dice...

Poco descansado de la noche anterior y con miedos generados por el solo echo de sentirse solo comencé a pedalear por las calles de Nueva Palmira buscando el camino que me llevara a la Ruta 21 con destino a Carmelo, una gran ruta solitaria (Ruta 12) donde el sol brillaba fuertemente y el peso del equipo empezaba a notarse, un bello paisaje rural me brindan una sensación de tranquilidad y libertad que son el pequeño empujón que le faltaba a mi motor impulsado por esas ganas de soñar y vivir una aventura.

Mientras pedaleaba por la ruta grandes repechos se extendían a lo largo del país vecino, y subiendo una cuesta fue así como me encontré con los primeros viajeros, Katja y Christian una pareja de Suizos que recorrían el mundo con sus bicicletas.



( Aquí les dejo su diario de viaje, esta en Alemán pero con un poco de ayuda del traductor de nuestro navegador podemos echar un vistazo a la historia de estos viajeros http://wo-sind-sie.blogspot.com )

Su poco español y mi pésimo ingles no fueron problema a la hora de comunicarnos, solo al vernos y utilizando unas pocas palabras notamos que mas allá del idioma los cicloturistas o mejor dicho los viajeros tenemos muchas cosas que nos unen, entre ellas un gran espíritu soñador que acciona nuestro motor impulsándonos a una aventura una de esas que solo parece existir en los relatos fantásticos de la literatura infantil.

Nos tomamos algunas fotos e intercambiamos nuestros diarios de viaje, nos saludamos y sin mediar mas tomamos nuestras bicicletas y seguimos nuestros caminos sin mirar atrás.


Me olvide completamente de la hora, de los promedios y de las etapas, de cuantos kilómetros separan cada ciudad, solo para dedicarme a ser feliz haciendo lo que mas me gusta, el tiempo parece estar congelado, todo sigue en su lugar, al igual que un niño en penitencia.

Ya en Carmelo conozco a una joven pareja que andaban en bicicletas y amablemente se ofrecieron a acompañarme hasta la zona de camping. Al llegar me aloje en el Camping Náutico ubicado sobre la rambla de Carmelo y como dice mi gran amigo Omar Bozzola todo pasa por algo y no por nada había llegado justo el día del aniversario ciudad, el sol comenzaba a caer y al ritmo del acordeón se escuchaba a un grupo de jóvenes llamados TAIEL, que le otorgaban ese clima mágico a una noche de festejos.



Bajo la luz de una pequeña lampara montada sobre una vieja rueda de madera decorada con luces navideña  tomo unos mates y reflexiono sobre mi día que poco a poco estaba cerrando el telón para dar comienzo a una nueva aventura con la próxima llegada del sol.


No hay nada mas que pueda agregar a estas notas, lo único que me faltaría contarles es que Carmelo es un lugar que no pueden dejar de visitar.





 

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