Hay todo un mundo por descubrir

Y estaba ahi Traslasierra.


Ahora con las Altas Cumbres a mis espaldas y de camino al Valle de Traslasierra, pensaba lo mucho que me había costado llegar ahí, pero sin embargo este mágico lugar me había regalado una de las mejores postales que había visto a lo largo del camino, la oportunidad de verlos cara a cara y poder disfrutar de su vuelo de libertad en este hermoso paisaje, mucho había escuchado de ellos, había un refugio con su nombre, un parque nacional, un viejo hotel abandonado y hasta un parador sobre la ruta, y allí estaban esperándome como si supiesen de mi llegada...

 
Con bajadas a 65Km/h y curvas peligrosas el camino hacia Traslasierra tenia muchísima adrenalina, tenia tantas ganas de pedalear que al llegar a Mina Clavero pensaba en seguir sin parar hasta Merlo (San Luis), pero nuevamente el clima no estaba de mi parte.


Hice unos 8 kilómetros hasta llegar a Nono un lugar para todos los que buscamos descansar de nuestras estresantes rutinas de la vida en Buenos Aires. En la ruta buscando un lugar donde hospedarme llamo poderosamente mi atención un cartel que decía HOSTEL, nunca había estado en uno y no me hacia con la idea de compartir una habitación con 5 o mas desconocidos, pero ya no me importaba porque necesitaba descansar y protegerme de la lluvia, fue así como conocí a Bruno y al Nono Hostel, ubicado en la calle Cura Brochero 55 (Nono).


Ahora debía aventurarme a lo desconocido!, tome una habitación para 4 personas ya que solo seria para pasar la noche, elegí una cama y acomode todas mis cosas, pensaba en lo difícil que seria integrarme en un grupo donde todos parecían conocerse desde hace tiempo pero en ese preciso instante conocí a Gabi una chica muy carismática y llena de buena onda quien me integro al grupo. Una gran compañera y una persona muy atenta, compartimos, charlas, risas y hasta un paseo en bicicleta hasta el Museo Rocsen.


 Me sentía tan a gusto en Nono que no quería ir a ninguna otra parte, por primera vez estaba realmente cómodo, descansado y acompañado de buena gente, música y un clima cálido. En pocos días me sentía parte de la casa había conocido a un grupo de personas con los que nos movilizábamos juntos como familia de un lado a otro, ya habían entrado en mi corazón y no podría olvidarles.




 

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